Orlando Garrido Calleja es cubano, pero pronto puede ser también español. Si lo consigue, cosa probable, España habrá ganado un portento. Nieto de un oficial gaditano que combatió - y perdió- en la guerra de la independencia de Cuba, Orlando formó parte de la aristocracia del tenis mundial de los últimos cincuenta y los primeros sesenta. Ganó 43 torneos internacionales y 44 nacionales, y jugó seis años en Wimbledon, diez en la Copa Davis, uno en el Open de Estados Unidos y dos en el Conde de Godó. De aquella época conserva la amistad con Andrés Gimeno, Manuel Santana y Antonio Martínez, entre otros. Pero nuestro futuro compatriota - si le va bien- es además un prestigioso ornitólogo, famoso por sus libros sobre las aves del Caribe.
El Gobierno estima que la ley otorgará la españolidad a no menos de un millón de ciudadanos en todo el mundo, sobre todo en América Latina y Rusia (los descendientes de los niños de la guerra).